Había una vez...
Había una vez, una mujer que creía en el amor profundo y verdadero... que nunca creyó que iba a creer, pero finalmente terminó creyendo que creía en él... o al menos eso creía. Esa mujer tuvo una historia, una de esas que a veces se narra, que no te ocupa sólo cinco minutos de tu tiempo, sino mucho rato escucharla, y eso sin escucharla con lujos y detalles. Esas historias que a veces se dan, y a veces no, y que algunas personas olvidan con el simple paso de los días o la llegada de otras historias.
Pues esta mujer no tenía otra historia, y nunca la tuvo. Y sabía que esperar otra historia y apreciarla como había apreciado la antigua, le costaría mucho. Meses, años... le había costado ya años antes, y sabía que le costaría otros más... pero sabía que debía esperar a la otra historia, porque la antigua nunca volvería... Y ella estaba casi segura de eso.
La vida te da las cosas que quieres, y luego te las quita. ¿Qué deberías preguntarte? ¿Por qué la vida es tan cruel como para quitártela, o cómo la vida pudo haber sido tan magnánima de habértela dado? Para mirar de un punto de vista más positivo, se podría pensar en la segunda pregunta, pero... ¡qué difícil es intentar hacerlo, cuando duele tánto el corazón! ¡cuando quieres putear y putear a la vida como una loca, aún sabiendo que no fue culpa de ella, sino de las circunstancias!
Pues esta historia... distinta a muchas de las historias que se ven, y similar a otras... al parecer terminó. Y terminó, en desmedro de uno de ambos. ¿Qué haría esa mujer con sus castillos en el aire? ¿Se desplomaría con ellos, o seguiría y levantaría otros? Es muy difícil pensar en levantar otros castillos, crear otras historias, cuando darías la vida por quedarte con los que ya habías construído, y por seguir en la historia en que estabas.
Esta mujer piensa... ¿en algún futuro muy lejano, volverá a encontrarse con su historia? ¿será como siempre lo ha soñado, desde que descubrió que la vida no es sólo un palacio y un ferrari? ¿será posible que en muchos años más, esté caminando por la calle, y vea a su historia pasar por la vereda de enfrente? En ese caso, ambos se mirarían... sonreirían... y quizá compartan algo más, y quizá den inicio a una historia repetida, pero agregando nuevos matices. Y la mujer será feliz. Y vivirá esperando eso... porque ella vivirá, y mientras lo haga quizá tenga muchas historias y muchos castillos distintos, pero siempre estará EL castillo... el sueño roto, el que siempre soñó, y el que todos saben que tiene. Y el que todos saben que siempre esperará.
El gran problema de esta estúpida mujer es que ama muy profundo, y muy largo. Que cuando su corazón entrega, lo hace sin reparos. Por entero. Y cuando intenta recuperarlo, sólo puede obtener pedazos. Pobre mujer.
Quizá... tenga muchas historias. Quizá quiera a otras personas. Pero siempre estarás tú... y no podré dejar de lamentar esto que acabó. Porque tú eres mi historia... la que esperé, la que tuve y la que se fue. Es imposible intentar... describir siquiera, como fue. Retrocedería el tiempo cuando comenzamos, y cuando terminamos lo volvería a retroceder, para vivir esos momentos una y otra vez. Para aprovechar más... para amar más, si era aún posible. Porque no importa lo que suceda, siempre estarás en mi corazón, como parte de él. Porque quizá sigamos hablando normalmente, y quizá en muchos años ambos tendremos nuestras profesiones, nuestras casas, nuestras vidas... por separado... y quizá, en aquel tiempo, cuando ya seas un adulto hecho y derecho, y yo una mujer como ninguna, podamos retomar lo que no pudimos continuar ahora. Quizá sucederá en muchos años... quizá en meses, quizá mañana... o quizá nunca. Quizá sólo nos veamos pasar, con nuestros trabajos, pesares y cada uno con su propia familia, y nos sonreiremos, con complicidad, como siempre.
Quizá... sea otra la historia destinada para mí. O quizá seas tú. El tiempo lo dirá... pero, Dios, ¡es que a veces el tiempo parece pasar tan lento!
Pues esta mujer no tenía otra historia, y nunca la tuvo. Y sabía que esperar otra historia y apreciarla como había apreciado la antigua, le costaría mucho. Meses, años... le había costado ya años antes, y sabía que le costaría otros más... pero sabía que debía esperar a la otra historia, porque la antigua nunca volvería... Y ella estaba casi segura de eso.
La vida te da las cosas que quieres, y luego te las quita. ¿Qué deberías preguntarte? ¿Por qué la vida es tan cruel como para quitártela, o cómo la vida pudo haber sido tan magnánima de habértela dado? Para mirar de un punto de vista más positivo, se podría pensar en la segunda pregunta, pero... ¡qué difícil es intentar hacerlo, cuando duele tánto el corazón! ¡cuando quieres putear y putear a la vida como una loca, aún sabiendo que no fue culpa de ella, sino de las circunstancias!
Pues esta historia... distinta a muchas de las historias que se ven, y similar a otras... al parecer terminó. Y terminó, en desmedro de uno de ambos. ¿Qué haría esa mujer con sus castillos en el aire? ¿Se desplomaría con ellos, o seguiría y levantaría otros? Es muy difícil pensar en levantar otros castillos, crear otras historias, cuando darías la vida por quedarte con los que ya habías construído, y por seguir en la historia en que estabas.
Esta mujer piensa... ¿en algún futuro muy lejano, volverá a encontrarse con su historia? ¿será como siempre lo ha soñado, desde que descubrió que la vida no es sólo un palacio y un ferrari? ¿será posible que en muchos años más, esté caminando por la calle, y vea a su historia pasar por la vereda de enfrente? En ese caso, ambos se mirarían... sonreirían... y quizá compartan algo más, y quizá den inicio a una historia repetida, pero agregando nuevos matices. Y la mujer será feliz. Y vivirá esperando eso... porque ella vivirá, y mientras lo haga quizá tenga muchas historias y muchos castillos distintos, pero siempre estará EL castillo... el sueño roto, el que siempre soñó, y el que todos saben que tiene. Y el que todos saben que siempre esperará.
El gran problema de esta estúpida mujer es que ama muy profundo, y muy largo. Que cuando su corazón entrega, lo hace sin reparos. Por entero. Y cuando intenta recuperarlo, sólo puede obtener pedazos. Pobre mujer.
Quizá... tenga muchas historias. Quizá quiera a otras personas. Pero siempre estarás tú... y no podré dejar de lamentar esto que acabó. Porque tú eres mi historia... la que esperé, la que tuve y la que se fue. Es imposible intentar... describir siquiera, como fue. Retrocedería el tiempo cuando comenzamos, y cuando terminamos lo volvería a retroceder, para vivir esos momentos una y otra vez. Para aprovechar más... para amar más, si era aún posible. Porque no importa lo que suceda, siempre estarás en mi corazón, como parte de él. Porque quizá sigamos hablando normalmente, y quizá en muchos años ambos tendremos nuestras profesiones, nuestras casas, nuestras vidas... por separado... y quizá, en aquel tiempo, cuando ya seas un adulto hecho y derecho, y yo una mujer como ninguna, podamos retomar lo que no pudimos continuar ahora. Quizá sucederá en muchos años... quizá en meses, quizá mañana... o quizá nunca. Quizá sólo nos veamos pasar, con nuestros trabajos, pesares y cada uno con su propia familia, y nos sonreiremos, con complicidad, como siempre.
Quizá... sea otra la historia destinada para mí. O quizá seas tú. El tiempo lo dirá... pero, Dios, ¡es que a veces el tiempo parece pasar tan lento!
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